Romeria

La Romería

La Romería de la ciudad de Almansa al Santuario de Belén se transforma en el acto de más relevancia en todo el año para la sociedad de dicha ciudad. Cerca de 27.000 personas aprovechan para disfrutar de un día de campo y aire libre con la familia y los amigos bajo las pinadas del santuario preparando, para recuperar fuerzas, viandas típicas de esta fecha como son la gachamiga, las paellas, los gazpachos, o la carne a la brasa.

La romería consta de un recorrido a pie de 12 kilómetros aproximadamente, siguiendo el antiguo “Camino Real a la Corte” y llevando la imagen de la Virgen de Belén a hombros por la Sociedad de los Pastores para que esta pase el verano descansando en su residencia de verano, el Santuario de Belén. Entre el tumulto de gente aparte de distinguirse la imagen, se distingue la figura del Vitorero que va alzando vítores al costado de la Virgen de Belén y en su honor. La vestimenta del Vitorero es la tradicional de morrión o mitra (como gorro), la gualdrapa de un caballota a modo de capa y una alabarda o lanza que data, así como la figura de este personaje, de la Batalla de Almansa en el año 1707. Hasta hoy en día sigue la figura del Vitorero que es de carácter hereditario de padre a hijo y continúa acompañando a la Virgen de Belén en todos sus desplazamientos clamando:

  • Vitorero: “¡Vítor a la Virgen de Belén!”
  • Pueblo: “¡Viva!”
  • Vitorero: “¡Y al niñito también!”
  • Pueblo: “¡Viva!”
  • Vitorero: “¡Agua, Virgen de Belén!”
  • Pueblo: “¡Agua!”

Cada año se celebran dos romerías. Una de ida (Almansa – Santuario) el domingo siguiente del fin de las fiestas patronales (del 1 al 6 de Mayo), y otra romería de regreso (Santuario – Almansa), que se celebra por la tarde el tercer domingo de Septiembre.

La romería de ida tiene su partida desde la parroquia de la Asunción en Almansa a las 7.30 después de una misa oficiada en su honor. A medio camino se realiza una parada de 20 minutos aproximadamente para almorzar en la “Ventica”. Más o menos a las 11.30 h hace su aparición en el Santuario la Virgen de Belén donde a las 12 del medio día se oficia una misa de bienvenida.

La romería de regreso parte en el Santuario de Belén a las 17.30 horas, tras la misa de las 17 horas. A medio camino se detiene la caminata para merendar en la “Ventica”. Aproximadamente a las 21.30, ya bien oscurecida la tarde, la Virgen de Belén hace su aparición en la Parroquia de la Asunción de Almansa donde en su honor se canta la Salve Regina y El Himno a la Virgen de Belén.


Aparte de la parada en la Ventica , se efectúan tres paradas más de corta duración. La primera en la ida a pocos kilómetros de la ventica en la explanada de una gasolinera, donde se ofrecen café y pastas a los caminantes que transportan la Virgen a hombros. La segunda, a dos tercios de recorrido andado aproximadamente en la Labor de Matarredona, donde todos los caminantes pueden beber agua fresca y degustar el típico y refrescante “apañao”. La última parada se realiza a poco más de dos kilómetros del final del recorrido en la “casa del Ángel”

Un poco de Historia.

Desde mediados del siglo XVI los almanseños acudían en peregrinación a la ermita-santuario de Ntra. Sra. de Belén, donde se hallaba la imagen de la patrona, para cumplir con el voto o con motivo de alguna rogativa. A partir del siglo XIX comenzaron las romerías, dos al año, una de traída y otra de llevada. La traída se realizaba el 25 de Abril en fechas de conmemoración de la Batalla de Almansa. La vuelta se llevaba acabo el 20 de Agosto, día próximo a la feria.


Con esto se conseguía tener la Virgen próxima durante los meses desde abril a agosto, meses duros para la agricultura, para las rogativas de los almanseños y agricultores devotos, y para que la Patrona pudiera pasar el día de la festividad en su honor en la ciudad de Almansa. El día 4 de septiembre de 1955 una riada fue nefasta para la población proponiéndose realizar otra romería a los pocos días para traer a la patrona a la ciudad.

Tras negociaciones entre ayuntamiento e iglesia, se estableció que la patrona quedaría durante el invierno y el otoño en la ciudad donde se podía visitar con mayor frecuencia así como cuidarla mejor y poder atender las rogativas de los devotos. Como resultado, durante la primavera y el verano la patrona descansaría en el santuario ya que durante este tiempo las tareas del campo no dejaban tiempo para dedicarle a la patrona, a parte de ser una mejor época para viajar al santuario.